Relaciones sexuales con amigas

Relaciones sexuales con amigas
Relaciones sexuales con amigas

Relaciones sexuales con amigas ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con acostarse con una amiga? Seguro que no hay hombre en toda la tierra que levante la mano. El hombre es un ser tan sexual, que hasta se dice que las motivaciones más poderosas del político corrupto es el sexo: si llega al poder tendrá más sexo, un mindundi con poder será visto por las mujeres como un ser atractivo, aunque antes nadie se fijase en él. El sexo es una fuente de estímulo poderosísima, tanto para bien como para mal. Todos los grandes hombres de la historia, así como los más malvados, tuvieron en su mente como fuente de motivación enorme la sexualidad. Es la llamada “sublimación”, o sea, trasferir fuerzas sexuales a otro ámbito de la vida cotidiana. Por ejemplo, un gran músico que lleva su pasión sexual al ámbito de la creación musical, como si aprovechase el torrente de su libido para desplazarlo y que esas enormes fuerzas le den al artista ese característico temperamento algo escindido. Las fuerzas sexuales si se desplazan pueden servir para realizar otras actividades. El músico sabe que si desplaza sus fuerzas sexuales al arte, este será capaz de trabajar en canciones como nunca hubiese llegado a poder componer. Es la fuerza de la pasión desplazándose y actuando en distintos ámbitos. En este artículo, relaciones sexuales con amigas (relato).

Relaciones sexuales con amigas
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Una tarde-noche inolvidable

Ya es media tarde de nuevo. Mi compañero de piso, Arthur, lleva todo el día fuera. Quizás se sienta culpable de lo que pasó ayer entre nosotros. No puedo creerme aún lo que hice ayer: yo, la tierna María, la chica más dulce e inocente del club de las supernenas. Arthur es un chico misterioso, nunca sabes del todo por donde va a salir. Se dice que después del gran apagón de Nueva York, los nacimientos justo a los nueve meses se multiplicaron en los hospitales. Y ya se por qué… Ayer a media tarde se fue la tele. No sabíamos si era la tele la que se había estropeado; o simplemente era que no había señal. Ahora parece que la señal de la tele ha vuelto… Es media tarde, y ya justo hace un día que pasó lo que no se si tenía que haber pasado. Y es que ayer…

Arthur y yo, la hasta hace 24 horas tierna y dulce María, hemos compartido piso durante varios meses. Al principio a  mi no me hacía gracia la idea de compartir piso con un hombre. Pero agraciadamente Arthur es un hombre educado, misterioso, pero también pasional y comprometido. Supongo que esta fue la primera vez en mi vida que me he visto viviendo y compartiendo mi espacio y mi tiempo con el de un hombre. Es siempre una sensación extraña, de pasar a vivir con los dulces papis a pasar a vivir con un hombre que te atrae, pero al que a la vez temes. No porque crea que Arthur pueda hacerme algo… Más bien creo que tengo miedo a terminar haciendo algo con un hombre que no tenía que haber hecho… Pero lo hecho hecho está, y ahora sólo queda afrontar las consecuencias… si las hay. No se qué significó lo de anoche: ¿somos ahora novios Arthur y yo? No parece el típico chico que se conforma con una sola… pero él mismo ha dicho mil veces que depende qué “una”, y que prefiere antes una chica que lo llene de verdad; que cincuenta que lo llenen a medias. ¿Le habré llenado yo lo suficiente…? Desde luego, ayer no fui de mojigata precisamente; es más, soy tímida, pero también muy atrevida e intrépida. Eso les gusta a los hombres… pero las mujeres siempre somos cuidadosas en ciertos temas. Sabemos que nosotras arriesgamos mucho más que ellos en estos asuntos. Y si ayer cedí… fue por que yo llevo mucho tiempo enamorada tontamente de Arthur… y cedí porque de no haber cedido, seguramente ya nunca hubiese podido pasar nada entre nosotros. Quizás escribiendo sobre lo que pasó ayer se aclaren las cosas en mi cabeza…

Ayer nos quedemos sin tele. Arthur y yo, María, solíamos ver por la tarde la tele, hasta que llegaba la hora de cenar. No es que den a esas horas cosas muy interesantes, pero ambos disfrutábamos de la compañía del otro. Yo me sentía toda una mujer, viendo la tele junto a un hombre que me decía mucho… Esa sensación me encanta ¡Qué suerte tienen esa mujeres que pueden tener a su lado un hombre que quieren de verdad! Poder vivir junto a él, dormir junto a él,… y hacer el amor con él. Así, ayer no pudimos ver la tele, porque los canales se habían ido. Arthur salió del piso para preguntar a los vecinos si ellos tampoco tenían tele. Cuando volvió, me encontró preparando un tablero de parchís que había por allí, con sus dos dados.

-¡Mira lo que estoy preparando para entretenernos! –dije yo muy emocionada cuando entró.

-Si, ya lo veo… -dijo Arthur-. Los vecinos dicen que no hay tele en todo el edificio, no saben si es de la antena o del repetidor general.

-Bueno, eso da igual… -dije yo-. Nosotros nos vamos a divertir más con estos dos dados que con la tele…

-Si –dijo Arthur-. Los dados siempre traen emoción al mundo…

-Bueno, no tanto como las cartas –dije yo-. Tu siempre dices que te encanta el “streap póquer”-. Yo creo que los hombres tan curtidos como tu ya no estabais tan salidos…

-¿Me estás llamando viejo y salido? –dijo Arthur-. Reconozco que sí es verdad que estoy salido… y no lo disimulo porque eso es de hipócrita y de mojigatos, que van condenando las relaciones sexuales “ilegítimas” de todos los demás; pero aprovechan la mínima oportunidad que tienen para dejar su pajarito suelto… Eso es lo que han echo los políticos, los sacerdotes,… ¡hasta los papas! a lo largo de toda la historia.

-Es cierto, el mundo de la sexualidad está lleno de hipócritas –dije yo. ¿Jugamos? Aunque los dados no sean tan divertidos como las carta…

-Bueno… los dados también pueden dar mucho juego –dijo Arthur-.

-¿De veras? ¿Te sabes algún juego sexual con dados? No es que quiere practicarlo contigo… a mi me encanta jugar al parchís, incluso más que el sexo…

-Hay juegos sexuales con todo –dijo Arthur-. El mejor juguete sexual que existe no se compra en los “shexsoph”; el mejor juguete sexual que existe es la imaginación. Y a mi la visión de dos dados me despierta la imaginación…

-Mmmm, creo que se por donde pueden ir los tiros –dije yo-. Los dados son peligrosos, porque no puedes controlar lo que sale, y una vez lanzados parece que te quedas en manos del destino… pidiendo a Dios que salga la combinación que te conviene.

-De acuerdo, entonces juguemos una partida al parchís –dijo Arthur-. ¿Vale, nena María? Eres aún un poco peque, ya tendrás tiempo de participar en juegos sexuales cuando crezcas aún más.

-De acuerdo, juguemos al parchís pues –dije yo-. Pero… antes enséñame ese juego sexual con dados… Sólo enséñamelo, y luego jugaremos toda la tarde al parchís… yo María y mi hombre, compañero de piso y gran amigo, Arthur. ¿Vale?

-Por dios María –dijo Arthur-. Con lo tímida y retraída que parecía al principio… supongo que son las  hormonas. Te enseñaré un juego sexual… Podemos echar una partida al mismo… No, no te asustes, casi seguro que no pasará nada. Quero decir, que si compras un billete de la lotería, casi seguro que no te tocará…

-Trato hecho –dijo María-. Yo compro ese billete, jugamos pues, y luego al parchís… Dime, dime en qué consiste ese juego con dados-.

 

Arthur cogió los dados, los puso en el cubilete, y después de agitarlos un rato, soltó los dados sobre el tablero del parchís. Salieron un 3 y un 6.

-¿Ves? –dijo Arthur-. Ha salido un número par y uno impar. Cuando tiramos dos dados pueden salir, o bien dos pares, o bien dos impares; o bien uno par y el otro impar; o bien uno impar y el otro par. Total, cuatro grandes tipos de combinaciones. Hay exactamente las mismas posibilidades de que salga cualquiera de ellas combinaciones. Además, de media cada una de estas cuatro combinaciones saldrá una vez cada cuatro tiradas, es esto lógico teniendo en cuenta lo dicho antes.

-Si, entendido bien –dije yo.

-Y si cogemos una de estas combinaciones al azar, por ejemplo, el caso de que salgan los dos números impares… pues de este modo tenemos un freno. Ahora es sólo cuestión de que la partida de dados empieza, empezaremos a tirar dados… Hasta que salga la combinación de nuestro freno. O sea, dos números impares.

-Bien, pues empiezo yo… -dije-. ¿Da igual quien empiece a tirar?

-De hecho, da igual quien tire… exactamente igual que en el caso del parchís –dijo Arthur-. Es puro azar, pero cada uno hará una tirada para hacerlo bonito… Y cuando lleguemos a los dos números impares, el juego para.

-Bien, empiezo a tirar –dije yo, cogí el cubilete, tiré los dados, y salieron un 4 y un 6-. Han salido los dos pares, o sea que el juego continúa… Y ahora.. ¿qué hay que hacer?

-Bien… hay una lista de 15 “actividades” –dijo Arthur-. Yo la tengo memorizada en mi cabeza. Es una lista que va del 1 al 15. Cada vez que tiremos y no salga el freno, recuerda, los dos números impares, realizaremos un número de esa lista. El primer número es el 1; el último el 15. Son “actividades” que van de más a menos… O sea, de más decorosas a menos decorosas… Ahora tocaría realizar la actividad del número 1… Pero nena María… sólo lo fingimos, yo no quiero usar juegos para aprovecharme de ti…

-Pero si al fin y al cabo sólo llegaremos hasta el número 4 de media, ¿verdad? –dije yo.

-Si, en teoría –dijo Arthur.

-Pues… ¿por qué tanto miedo…? ¿Qué tenemos que hacer en el número 1? ¿Besarnos?

-No exactamente –dijo Arthur-. El número uno consiste exactamente en:

1. Mirarse a los ojos un minuto

-¿Y todo para esa birria? –dije yo frustrada, porque creía que el juego sería más calentito.

-Bueno, ya te digo que los “ejercicios” van de más a menos –dijo Arthur-, de más decoroso a menos decoroso… Ya sabes.

-De acuerdo –dije yo-. Pues mirémonos a los ojos un minuto.

A continuación, ambos nos levantemos de las sillas… fuimos hasta el centro del salón, en donde Arthur había colocado una especie de manta que delimitaba el terreno de juego. Nos quedemos frente a frente, y nos miremos a los ojos un minuto. Yo sentí su cálida respiración sobre mí, sus ojos eran profundos, y la piel de su cara se empezaba a enrojecer. Yo misma noté que la sangre me empezaba a fluir a borbotones hasta mis pechos. El minuto acabó y volvimos a la mesa.

-Bien, ahora tira tú los dados –dije yo-.  Tengo mucha curiosidad por saber cual será el número 15…

-Agraciadamente no llegaremos al número 15… -dijo Arthur-. Salvo que estemos de suerte, de mala suerte, en este día -Arthur cogió los dos dados y los tiró, salió un 4 y un 5.

-Bien, ¿ahora qué tenemos que hacer? –pregunté yo cada vez más excitada.

-El número 2 de nuestra secuencia… -dijo Arthur-. Ha salido un par y un impar, así que el juego sigue… hasta que salga los dos impares, algo que ya podría haber pasado, y espero que no falte mucho para que pase, querida María, pues no quiero que entre nosotros dos pase lo que no tiene que pasar…Actividad 2:

2. Cogerse las manos un minuto.

-Jo, otra mogigatez –dije yo frustrada-. Bueno, vamos hasta el terreno de juego. -Dije yo levantándome de la silla y hiendo hasta la manta que hacía de recinto en donde pagábamos las deudas. Nos cogimos la mano. Recuerdo que Arthur tenía las manos calientes. Durante un minuto estuvimos así, hasta que Arthur miró el cronómetro que tenía en su muñeca, y ya dijo al fin:

-Hemos completado el minuto.

Ambos nos volvimos a sentar en la mesa.

-Bien, y ahora me toca tirar los dados a mí –dije yo, a la vez que cogía el cubilete, metía dentro los dados, y hacía la tirada. Salió un 5 y un 2. El juego por tanto seguía.

-Actividad 3 –dijo Arthur-. Creo que deberíamos parar María, esto cada vez se pone más calentito…

-Yo quiero seguir.

-No sabes donde te metes… esto va hasta muy adentro, este juego lo diseñó un estadista vicioso…

-Me gusta la profundidad… el vicio en su justa medida, pero yo he sido una dulce niña, la dulce María, durante muchos años… ¡Déjame continuar!

-Actividad 3 –dijo Arthur-.

3. Tocarnos con la punta de la nariz durante un minuto.

-Jo, ese juego es más mojigato que mis amigas –dije yo algo frustrada-. Pero bueno, vamos a nuestra área de pagar las deudas-. Lleguemos hasta allí, y tras ponernos el uno cara contra el otro, Arthur se agachó un poquito, y entre suspiros de furor ambos pusimos nuestra punta de la nariz sobre la punta de la nariz del otro.

Este minuto se me hizo eterno, pude sentir su respiración, y pude sentir que la respiración de ambos se aceleraba más y más. Pero al fin terminó.

-Bien, te toca tirar Arthur –dijo yo. Arthur cogió los dados e hizo la tirada. Ante la gran expectación, salió un 2 y un 4.

-Actividad 4 –dijo Arthur:

4. Abrazarse cuerpo contra cuerpo un minuto.

-Mira, ya se va poniendo más interesante –dije yo. Ambos nos dirigimos hacia la manta de pagar las deudas, situada cubriendo el suelo central de la sala de estar. Primero llegué yo; y al poco tiempo, llegó Arthur. Nos miramos a los ojos y nos reímos. Al final, él tomó la iniciativa, pasó sus brazos sobre mi espalda, y me abrazó. Yo le respondí pasando mis brazos sobre su espalda. Estuvimos así un minuto entero, cada segundo que pasaba ambos nos poníamos más calientes, y podíamos sentir la sangre fluyendo a borbotones por nuestros cuerpos.

-Bien, seguimos si quieres María –dijo Arthur-. Pero parece que hoy se resiste la jugada de los dos números impares. ¿Sabes? No me acuerdo exactamente cual es el siguiente número. Lo voy mirando en mi libreta… Este es un juego que llevo mucho tiempo sin practicar. Pero si me acuerdo del número 15.

-El número 15 es… ¿un polvito? –pregunté yo mientras me dirigía hacia la silla para continuar el juego.

-Bueno, espero que no lo tengas que averiguar –dijo Arthur completamente ruborizado a causa de mi expresión.

Cogí de nuevo los dados, porque ahora me tocaba tirar a mí de nuevo. Los metí en el cubilete, y con gran expectación por parte de los dos, lancé los dados. Casi sacando los ojos de las órbitas, ambos queríamos averiguar qué números iban a salir, incluso desde el mismo momento en que los dados todavía estaban volando en el aire. Al final un dado dio un 5; y el otro, un 3, pero aún o había parado del todo, con lo que volcó sobre una cara y salió un 6.

-Bien, actividad número 5 –dijo Arthur-. Te aviso que a partir de ahora esto sube de marcha muchísimo. ¿Seguro que estás preparada para ir hasta el final?

Relaciones sexuales con amigas.

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