Relato erótico: Quiero mojarte bien

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Anoche, cuando escuché unos ruidos en la puerta, en vez de usar el sentido común y preguntar quién era, usé el pomo y abrí.   Y ahí estaba!  Sorprendida le pregunté: “qué haces aquí? Acabo de acostar a las niñas.  No tengo tiempo, aún me quedan…”.

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Y sin darme tiempo a acabar la frase, me rodeó con sus brazos, y con sus manos debajo de mis nalgas, me empujó hacia arriba con firmeza de tal forma que no me quedó otra que rodear su cintura con mis piernas.  Me plantó un enorme beso en mi boca y cerró la puerta con una leve patada tras de si.  Me pilló tan de improviso que no tuve tiempo ni de pensar en lo que llevaba puesto.  También dio igual porque no tardó mucho en quitarme el pantaloncito que llevaba, una vez me hubo tumbado en la cama.  Con la camiseta me ató las muñecas por encima de mi cabeza y con sus cálidas manos me separó las piernas.

“Quiero mojarte bien porque sé que te excita”.  Dicho y hecho, bajó su cabeza entre mis piernas y comenzó a pasar su lengua por mis labios.  Su saliva y mis fluidos empezaron a confundirse y, efectivamente, cuanto más mojada me notaba, más me excitaba.  El cabrón sabe lo que me gusta.  Justo cuando empezaba a necesitar algo más que su lengua, noté como introducía su dedo, mojado también.  Lo giró hasta encontrar mi botón mágico y, sólo le hizo falta apretarlo un poco, mientras su lengua se encargaba de mi clítoris para seguir excitándome.  Imposible resistirme.  “Joder, cómo me pones!”.  Empecé a perder el control sobre mi cuerpo, que se estremecía sin parar.  Necesitaba gritar, pero no quería despertar a las niñas, así que, usé la almohada de amortiguador!  Con qué gusto me corrí!  Sacó su dedo muy despacio y dejó que mi cuerpo se recuperara.  Yo estaba con los ojos cerrados, exhausta por la descarga, pero oí que salía de la habitación.  Al volver trajo una toalla calentita que me colocó encima.  Gloria bendita!  Nos quedamos abrazados unos minutos y cuando me hube recuperado, sólo tuve que rozar mi culo contra él para tenerlo donde queríamos los dos.  Aún estaba mojada de mi corrida, así que me penetró sin problemas.  Se deslizó dentro mía y volví a excitarme.  Colocó sus dedos sobre mi clítoris y con su polla dentro, me sentí de nuevo transportada.  Me corrí por segunda vez, pero esta vez acompañada por él.  Su cara, una mezcla de dolor y placer.  Me pregunto qué cara pongo yo al correrme…

Nos dormimos.

Esta mañana me he encontrado con la sorpresa de que se había levantado temprano, había ido a comprar croissants & naranjas y, aparte de su olor, no quedaba ni rastro del buen sexo de anoche.

Las niñas se han tomado entusiasmadas su zumo natural y los croissants calentitos.   Y la sonrisa que me he llevado puesta a la reunión de las 10:00 no tiene precio.