Weekend en Londres

Londres erótico
Londres erótico
Londres erótico
Londres erótico

Cuando un deseo se hace realidad hay que aceptarlo con naturalidad y eso es lo que sucedió en  la historia que a continuación relataré

Soy Marta, tengo cuarenta y cuatro años, casada y madre de Carlos, de veinticuatro  que trabaja en un hospital de una localidad cercana a Londres, mi marido es diez años mayor que yo y formamos una pareja feliz que jamás ha vivido momentos difíciles en nuestra relación, ambos somos funcionarios del estado y residimos en Madrid.

Sara es mi mejor amiga, tiene treinta y cuatro años, casada y madre de dos niñas de cuatro y seis años, todo hace suponer que es feliz en su matrimonio, su marido tiene su misma edad y al igual que nosotros ambos son funcionarios,  es fácil deducir que nuestra amistad se inició por esa circunstancia. Al igual que nosotras nuestros maridos también se consideran íntimos amigos y comparten aficiones como la caza y el futbol.

Sara es una mujer guapa, tiene buen tipo a pesar de haber sido madre dos veces, es de aquellas mujeres que provocan las miradas de los hombres, yo por mi parte había sido también una mujer guapa, quizás más que ella pero los años no pasan en balde y mentiría si no reconociera que me sobran algunos kilos.

De los maridos puedo decir que el mío es lo que normalmente se dice un barrigón,  el de Sara sin embargo es un hombre que hablando claramente está como un tren, en el trabajo las compañeras beben los vientos por él pero mucho me sorprendería saber que no es fiel a mi amiga, yo misma en broma suelo decir a Sara que no me importaría darle un revolcón,  se lo toma a broma y responde que ella se lo daría con mi hijo.

Entre Sara y yo existe una amistad muy profunda y no me da vergüenza reconocer que con cierta frecuencia  disfrutamos del sexo ente nosotras, cuando nos lo podemos permitir  nos montamos una fiesta sexual entre las dos  aunque tenemos claro que nuestros gustos sexuales no van por ese camino, simplemente es una manera de calmar el deseo carnal que tenemos más yo que ella porque sin lugar a dudas esta está bien atendida por su guapo esposo mientras que al mío ya le pasó el furor sexual.

Ahora voy con la narración de los hechos que dan lugar a esta narración

Las dos amigas hacía tiempo que teníamos previsto hacer un viaje de fin de semana a Londres para ver la ciudad y de paso visitar a mi hijo y surgió la oportunidad cuando nuestros maridos propusieron que ellos irían a cazar a la finca de mis suegros, pronto encontramos la solución, ellos podían ir a pegar tiros y nosotras a Londres, las niñas se quedarían en casa de sus abuelos, finalmente decidimos que el viaje sería un fin de semana del pasado mes de octubre.

Llegamos a Londres un viernes a las 15 horas, Carlos nos esperaba en el aeropuerto y después de recibirnos con alborozó no llevó a un hotel que él mismo había elegido, durante el camino nos informó que había trabajado allí a su llegada a la ciudad y aunque era un establecimiento sencillo ofrecía todas las comodidades posibles, estaba en el centro de la ciudad y efectivamente era muy sencillo pero acogedor, además estaba muy limpio que es lo que realmente importa. A la llegada comprobamos que el personal conocía a mi hijo, había reservado una habitación doble. Debo aclarar que íbamos a un hotel porque Carlos trabaja a cien kilómetros de la capital y comparte vivienda con otros compañeros de trabajo, además tiene turno de noche.

Después de deshacer las maletas mi hijo nos sorprendió diciendo que había comprado entradas para un musical que se hacía en un teatro cercano al hotel, nos acompañó y se fue a trabajar aconsejándonos que al salir de la función cenáramos algo en un restaurante que también nos recomendó y después fuéramos directamente al hotel, insistió que en el bar hacían unos gin-tonics fabulosos, decidimos seguir sus consejos al pie de la letra y esperar al día siguiente que libraba en el trabajo y nos podría enseñar la ciudad.

A las diez regresábamos al hotel, la función había sido todo un éxito y la cena había estado bien a secas, el bar estaba en el sótano, era un pub en el que no cabían más de treinta personas, un solo camarero atendía la barra y las mesas, nos sentamos cerca de la barra y pedimos dos gin-tonics que sirvió inmediatamente, cuando se retiraba mi amiga y yo nos miramos y coincidimos en el comentario: “vaya negrazo”, efectivamente el camarero era un negro que debía medir casi dos metros, tenía un cuerpo escultural que marcaba aún más la camiseta negra de manga corta que llevaba puesta, cuando puso las copas en la mesa nos dirigió una sonrisa pero no dijo una sola palabra, el combinado por cierto era exquisito.

Hablábamos de nuestras cosas cuando advertimos que el camarero lleva rato hablando por el teléfono móvil, Sara en broma dijo que seguro hablaba con su novia y añadió que le gustaría preguntarle a ella si el negro cumplía las expectativas en la cama, aquí debo decir que ese tipo de comentarios era muy habitual en mi amiga, de repente nos cambió la cara cuando vimos que el camarero se acercaba a nosotras y quedamos sorprendidas cuando le oímos hablar en español

Buenas noches, ¿son ustedes las familiares de Carlos?,  su voz parecía salir de una cueva pero su castellano era casi perfecto, nos miramos y Sara se decidió a responder:

Si, ella es su madre y yo una amiga de la familia, yo me puse nerviosa pues lo primero que pensé es que había pasado algo malo, el volvió a hablar:

Hola, soy Buba, bueno así me llama Carlos, acabo de hablar por teléfono con él y me ha dicho que las cuide y que no les falte nada, Carlos y yo nos conocemos desde que trabajó aquí cuando llegó a Londres y tuvo que estar unos meses perfeccionando el inglés, somos amigos y como suele venir al hotel un par de días al mes recordamos viejos tiempos, ahora se preguntaran como hablo tan bien el español, pues estuve más de dos años trabajando allí en su país, concretamente en Almería, si Carlos no le ha hablado de mí es raro, mientras hablaba recordé que efectivamente mi hijo había comentado algo sobre un negrito que conocía de Londres y me decidí a interrumpirle.

Ahora recuerdo, tu llegaste en patera y estuviste un tiempo trabajando en el campo, tienes la familia en tu país y también tienes un montón de familia, mientras decía estas palabras recordé otro comentario de Carlos pero decidí callarlo, respondió

Si señora, ya veo que mi amigo le ha hablado de mí, bueno pues encantado y sepan que me ha dado orden para que les sirva en todo lo que pidan y que no les cobre nada, muchas gracias, una enorme sonrisa se reflejaba en su rostro mientras hablaba, miré a mi amiga que tenía la boca abierta y ponía cara de boba, le di una palmada en la cara y dijo

Joder, vaya hombre, habla mejor que nosotras el español y ¿te has fijado en sus brazos?, yo estaba ansiosa por hacerle saber que había recordado mientras hablaba y dije:

pues según Carlos tiene una polla que parece una anaconda, un día que cenábamos con mi marido y unos amigos suyos hablando de este compañero dijo que cada vez que lo veía en pelotas se sentía acomplejado, Sara puso cara de extrañada y dijo:

¿Cómo Carlos podía ver a este tío en  pelotas?, capté el sentido de su pregunta y me apresuré a responder:

-No pienses mal, cuando mi hijo trabajaba aquí compartían habitación, mira que eres mal pensada, ella riendo dijo:

-Que disgusto me hubiera llevado si con lo bueno que está tu hijo hubiera salido maricón, por cierto, ¿ha dicho que el gin-tonic está pagado?, pues yo me pido otro porque está buenísimo, igual que el camarero que lo sirve.

-primero acaba este y después te pides el otro, le dije mientras pensaba que mi amiga era de aquellas personas que se le va la fuerza por la boca, estoy acostumbrada a oírle decir haría esto u lo otro pero al final nada de nada, una autentica bocazas, desde que la conocí sus sueños eróticos acababan en darse el lote conmigo y a mí ya me venía bien pues no es que esté muy bien atendida por mi marido pero tampoco quiero complicarme la vida con un lio extramatrimonial.

El pequeño bar apenas tenía clientes, tres parejas y un grupito de cuarentones que bebían cervezas sin parar, detrás de la barra un cartel anunciaba que a las doce se cerraba y antes de esa hora Sara y yo éramos las únicas que quedábamos allí, se lo hice ver a mi amiga y cuando nos disponíamos a levantarnos escuchamos la voz de Buba que desde la barra dirigiéndose a nosotras:

-ya es hora de cerrar pero para dos mujeres tan guapas puedo hacer una excepción, de echo ya estaba preparando dos gin-tonics y aunque tiré del brazo de Sara para hacerle entender que debíamos marcharnos, ella se apresuró a contestar mirando al camarero:

mira por donde  estaba pensando en tomar otro gin-tonic pero no me atrevía a pedirlo, el negro le contestó:

las señoras ya lo tienen apunto, vino hacia nosotras y dejó las copas sobre la mesa, se quedó de pie y Sara totalmente lanzada dijo:

siéntate y explícanos cosas que seguro tendrás muchas cosas que contar, él fue a buscar una cerveza que estaba sobre la barra y regresó a nuestro lado, pensé que estaba seguro de que iba a recibir nuestra invitación, comenzó a relatar como había llegado a España y todas las penurias que pasó antes de llegar a Londres, el viaje había durado siete años, lo contaba sonriendo excepto cuando habló de su esposa e hijos que vivían en su país de origen, yo miraba continuamente un reloj que colgaba de una pared y Sara no paraba de preguntar a nuestro interlocutor sobre detalles de lo que contaba, parecía que estaba embobada.

A la una en punto y para cortar el rollo decidí ir al aseo, Buba gentilmente dijo que tendría que subir al piso superior, me acompañó hasta la puerta del bar y advirtió que al regresar golpeara la puerta pues estaba cerrada con llave, tardé diez minutos en regresar e hice como el camarero había dicho, tuve que golpear varias veces la puerta hasta que el negrito la abrió, cuando vi a mi amiga noté que estaba nerviosa, desde la puerta dije:

Sara, creo que es hora de retirarnos, es muy tarde y Buba tendrá que recoger, ella me interrumpió:

precisamente estábamos hablando de tomar una última copa en la habitación, se ha ofrecido a subírnoslas cuando haya acabado de recoger, su sonrisa delataba que había pactado con el negrito esa decisión, la cogí del brazo y tiré de ella para abandonar el local, ella todavía tuvo tiempo de decir alzando la voz:

esperamos los gin-tonics, estamos en la habitación 215, en la segunda planta, no hubo respuesta, mientras subíamos no paré de increparla diciendo que estaba loca y mil cosas más pero ella sonreía quizás algo afectada por el exceso de alcohol en su cuerpo.

Una vez en la habitación nos sentamos cada una en su cama, nos mirábamos pero con semblante diferente, ella sonreía y yo ponía cara de estar enfadada, me decidí a hablar:

Ahora cuando venga que deje las copas, le das las gracias y que salga rápido, no tengo ganas de más conversación y menos en la habitación, Sara ni se inmutó por la propuesta, es más cuando picaron en la puerta se apresuró a abrir, Buba llevaba una bandeja con dos copas y una jarra de cerveza, Sara antes de que yo pudiera hablar dijo:

siéntate aquí, dijo señalando un único sillón que había en la habitación, el camarero obedeció y los tres nos miramos sin decirnos nada, para hacerles ver que tenía ganas de descansar dije:

como estoy algo cansada mientras os tomáis las copas voy un momento al aseo a limpiarme los dientes, así gano tiempo, hice un sorbo del gin-tonic y entré en el cuarto de baño, me senté en la taza del wáter y estuve escuchando la conversación que tenía mi amiga con el intruso, después me limpié los dientes, lo estaba haciendo cuando noté que habían dejado de hablar y pensé que mi amiga había despedido a Buba, abrí la puerta de del aseo y lo que ví me dejó paralizada, comencé a temblar y no fui capaz de reaccionar, delante tenía al negro tal como lo había dejado pero con las piernas estiradas y el pantalón bajado, entre los muslos estaba Sara que le estaba chupando la polla que el negro sujetaba vertical entre sus manos mientras mi amiga chupaba una y otra vez el glande, el hombre tenía sus manos en la cabeza dejándose hacer, su mirada se cruzó con la mía mientras sonreía dejando ver sus blanquísimos dientes.

Estuve mirando bastante tiempo sin que Sara se percibiera de mi presencia o eso pensaba yo, ella seguía arrodillada chupando y chupando mientras Buba seguía sin inmutarse pero con la mirada fija en mí, noté que comenzaba a notar algo extraño en el cuerpo, de repente sentí que comenzaba a excitarme y que los pezones se me estaban poniendo duros, Sara se había quitado la ropa y estaba en bragas y sujetador, el negro ahora la acariciaba la espalda y metía una de sus manos entre las bragas y el culo de mi amiga, yo seguía inmóvil observando la escena pero cada vez más encendida, inconscientemente metí una mano entre el pantalón y la ingle y comencé a acariciarme el coño que noté húmedo en el primer roce con los dedos, Buba pareció alegrarse de mi reacción pues hizo un guiño de complacencia, Sara seguía chupando pero ahora lo hacía acariciando con la lengua el gran tronco negro y duro que apuntaba al techo, con las manos no dejaba de acariciar la bolsa de los huevos que colgaban en medio de las piernas del hombre de ébano, yo había dejado caer el pantalón al suelo y seguía acariciándome el coño pero continuaba de pie como si esperara ser convidada a intervenir más directamente en escena.

Por fin Buba se decidió a hablar, se levantó del sillón y cogió a Sara entre sus brazos, la colocó estirada boca arriba sobre una cama y abrió sus piernas, su boca impactó contra el coño de mi amiga que soltó un grito bestial, juro que no pasaron más de treinta segundos hasta que ella tuvo un orgasmo que la hizo chillar como una posesa, yo seguía mirando y en ese momento noté que de un momento a otro iba a sentir lo mismo que mi amiga aunque con menos intensidad, comencé a sudar y después de unos tenues gemidos sentí  el placer habitual de una masturbación, mi amiga se movía como una posesa mientras el negro seguía comiéndole el coño, hasta que ella gritó basta él no  separó la boca de la vagina de ella.

No sé cómo lo hice pero de repente estaba desnuda del todo, no hizo falta que Buba hablara, cuando vi que se tendía sobre la cama y observé el falo duro apuntando al techo tuve la sensación que me invitaba a disfrutar de su polla, fui hacia él y me senté sobre su pelvis, no necesité esforzarme mucho para meter las polla en mi coño que estaba chorreante, la primera penetración me hizo daño pero fue un dolor suave y agradable, el mete y saca se hizo seguido, cruzaba mi mirada con la de él y tuve una sensación extraña como si me estuviera enamorando de aquel hombre que cuatro horas antes no conocía, me contrarié cuando Sara por iniciativa propia se sentó sobre el rostro de Buba poniendo su coño encima de la boca del hombre que me estaba volviendo loca, pensé que Sara era una puta que solo buscaba placer mientras yo estaba a punto de disfrutar algo mucho más profundo.

Seguía moviéndome incesantemente en busca del placer físico supremo, vi que Sara caía de costado totalmente derrotada después de volver a tener un nuevo orgasmo que la hizo gritar como una histérica, volver a cruzar mi mirada con la de mi amante me hizo completamente feliz, decidí llegado el momento de consumar lo que estábamos buscando, la cabalgada se hizo constante hasta casi llegar a ser violenta, supe que estaba a punto de llegar al éxtasis cuando mi amante soltó gemidos y alaridos sin cesar, sus ojos estaban rojos y yo estaba casi agotada pero quería alargar el gusto que me estaba dando, sentí un orgasmo que fue el preámbulo de un rosario de ellos y de pronto noté que la vagina se inundaba de los chorros húmedos que el falo que tenía dentro soltaba sin cesar, la sensación de estar llenándome de líquido caliente fue el momento culminante de aquel inolvidable instante.

Busqué la boca de mi amante y le besé como nunca había besado antes a un hombre, tuve ganas de decirle que me había hecho suya pero me contuve cuando fui consciente que quizás era algo imposible ya que mi vida estaba en otro sitio y con otro compromiso, busqué a Sara con la mirada y la ví que estaba sentada en el sillón mirándonos con la boca abierta. Ella rompió la intensidad del momento cuando dijo:

-joder con mi amiga, ahora me toca a mí, espero que hayas dejado algo, las palabras de Buba acabaron de romper el encanto del momento que yo pensaba haber vivido:

A ti te guardo la especialidad de la casa, dejé de estar enamorada desde aquel instante, de golpe Buba paso a ser un negro con una polla muy grande como los de cualquier película porno y dejó de ser el hombre del que me había enamorado, pensé a con mis años era una mujer tonta, tonta, tonta.

La polla del negro colgaba entre sus piernas totalmente flácida, en ese momento fui consciente del tamaño real que tenía y del que podía alcanzar, Sara se había levantado del sillón y se la veía expectante a ver como reaccionaba Buba, la sustituí en el sillón y me dispuse a mirar el espectáculo anunciado, las palabras del negro de ébano retumbaron en la habitación como si no notara el esfuerzo que había hecho conmigo:

ponte a aquí a cuatro patas que lo vamos a pasar muy bien, si has disfrutado viendo a tu amiguita ahora vas a disfrutar tu mientras ella mira, Sara parecía obsesionada en obedecer las órdenes del gigante, se puso como le había dicho Buba que se colocó tras ella, con la lengua comenzó a lamerle el coño, yo asistía callada a la escena, mientras daba lengüetazos en el chocho depilado de mi amiga se pajeaba para ponérsela dura, cuando estuvo a punto la penetro sin la más mínima delicadeza, medía polla entró en el coño de Sara y el mete y saca dio inicio, mi amiga desde la primera embestida empezó a gemir y yo que ya había olvidado el casi místico momento vivido instantes antes observaba la escena con indiferencia, Sara ya gritaba y se la veía disfrutar como una loca, de repente tuve la sensación de que algo gordo estaba a punto de ocurrir y fue cuando Buba sin dejar de embestir se metió dos dedos en la boca y después los llevó al ano de Sara que se estremeció al notar como ocupaban su estrecho agujero, yo seguía mirando relajada pero algo impaciente en saber como acabaría la situación, los jadeos de Sara y la respiración fuerte de Buba me excitaban y volvía a tener ganas de disfrutar, llevé una mano a mi sexo y me decidí a darme placer mientras miraba los dos actores principales, el preámbulo del momento culminante comenzó cuando la punta de la polla apuntó directamente al dilatado ano de Sara, con cuidado Buba empujó lo suficiente para que una pequeña parte del falo se enterara en las carnes de mi amiga, a partir de ahí el vaivén del cuerpo del negro se hizo mecánico, a cada embestida la polla ganaba espacio en el culo de Sara que gritaba sin cesar que siguiera follándole el culo aunque sus palabras salían entre quejas de dolor, el negro no parecía necesitar ser jaleado pues embestía y embestía sin piedad..

Mis dedos comenzaron a darme gusto, nuevamente estaba mojada y disfrutaba viendo a la pareja fornicar de aquella manera antinatural, mientras miraba pensé que Buba era hombre de pocas palabras mientras follaba al contrario que Sara pues no paraba de pedir más y más, yo ya disfrutaba de un largo orgasmo cuando deduje que estaba a punto de llegar el final como así fue, Buba paro de moverse y cerró los ojos, mi amiga dio un grito que sonó a alivio y tuve el presentimiento que el negrazo estaba descargando en las entrañas de Sara, yo vivía el momento con atención y quizás por eso no supe reaccionar cuando Buba se giró hacía mi poniendo la polla tan cerca de mi boca que instintivamente la tragué, sentí el sabor de su semen regando mi paladar y en vez de asco todavía tuve ganas de lamer un buen rato el enorme falo.

Cuando él decidió la sacó de mi boca, yo alcé la mirada y vi su rostro sonriente, tenía la expresión del  ganador en una batalla, mantuve silencio mientras se vestía y le seguí con la mirada hasta que salió de la habitación, en la cama yacía mi amiga extenuada y sudorosa, me acosté abrazada a ella y susurrando dije

-esto ha sido realidad o ha sido un sueño?, ella con una risita acercó una de sus manos a mi nariz y dijo

tu misma cariño pero todavía tengo el coño chorreando, efectivamente sus dedos estaban mojados y olían a sexo. Nos deseamos buenas noches y cambié de cama, hacía frio y me tapé con la manta, dormí desnuda toda la noche.

Me llevé un susto de muerte cuando abrí los ojos y contemple a mi hijo de pie junto a la cama, en las manos llevaba una caja de cartón, al escuchar su voz  me apresuré a taparme con la ropa de cama ya que estaba totalmente desnuda.

joder mamá que son casi las once y hay que hacer muchas cosas hoy, mientras hablaba miraba hacia la cama donde dormía Sara que estaba  desnuda y con la ropa de cama  en el suelo, le contesté:

no seas guarro y deja de mirar, ¿Cómo has entrado?,  dejó de repasar a mi amiga que en ese instante se despertó y acercándose a mí para darme un beso dijo:

He llegado hace una hora y como no despertabais he ido a buscar a un bar cercano algo para desayunas, la chica de recepción  ha abierto la puerta, la conozco de cuando trabajé aquí, enseguida pensé en preguntar si había hablado con Buba pero no lo creí conveniente, Sara  que ni se inmuto por la presencia de Carlos permanecía callada, invité a mi hijo a salir de la habitación y obedeciendo sin rechistar pero diciéndole a mí amiga que lo había pasado bien viendo lo buena que estaba, en media hora las dos estábamos a punto para salir a la calle.

Fue un día de locos, visitamos museos, plazas, parques, palacios, comimos en cuatro sitios diferentes y viajamos en metro y autobuses de dos pisos, regresamos al hotel pasadas las once de la noche, en la recepción pregunté a Carlos donde iba a dormir y contestó que tenía habitación reservada, cuando nos disponíamos  a despedirle dijo:

de ir a dormir nada, ahora vais a la habitación, os dais una ducha, os ponéis más guapas de lo que sois y bajamos al bar del hotel a tomar unos Gin-tonics, ya me ha dicho Buba que anoche tomasteis unos cuantos, Sara y yo nos miramos y sin atrevernos a llevarle la contraria, subimos a la habitación y mientras nos cambiábamos de ropa dije:

-He estado a punto de decir que no teníamos ganas de tomar nada pero como te has callado, no me he atrevido a llevar la contraria, Sara respondió:

A mí me ha pasado lo mismo, ruego a Dios que el negrito se mantenga callado, estoy cagada de miedo, no contesté, nos vestimos las dos con ropa cómoda y observé que ella se ponía ropa interior de lo más sexy, cuando llegamos al bar estábamos nerviosísimas y al ver a Buba  noté que me fallaban las piernas, Sara al saludar a los hombres no pudo evitar tartamudear, tomamos asiento en la mesa más lejana a la barra y Carlos vino enseguida con tres copas en las manos, dimos inicio a una conversación distendida sobre la visita a Londres, a decir verdad nosotras estábamos pendientes del camarero rogando  que no se acercara, las dos  nos pusimos a temblar cuando Carlos dijo:

Mama, te acuerdas de aquel amigo que un día expliqué que tenía un pene bestial,  es ese camarero que está tras la barra, Sara comenzó a toser y yo a carraspear, mi hijo continuó:

Ahora cuando cierre le invitamos a tomar una copa con nosotros, veréis que os hará reír, no sé si es porque vivió  en Andalucía pero es un cachondo de cojones, escuchaba hablar a mi hijo pero  no me enteraba de lo que decía, finalmente decidí proponer:

Creo que es mejor ir a dormir pronto, mañana podemos levantarnos temprano y ver algo más de la ciudad, después vamos al aeropuerto, el avión sale a las cuatro y veinte, Carlos contestó raudo:

De ninguna manera, esta noche todavía os tomáis otro gin-tonic por lo menos, mientras decía esas palabras alzó la mano para llamar la atención de Buba que se acercó a donde estábamos, Carlos se dirigió a él:

-Tráenos otros gin-tonics, Buba respondió mientras nos dirigía un guiño intentando que mi hijo no lo advirtiera:

Carlos lo siento pero es  hora de cerrar y sabes que el jefe me echa la bronca si no soy puntual, pensó un momento y siguió, de todas formas si quieres los subo a la habitación, Carlos poniendo cara de contrariedad contestó:

Eres un amigo, sube cuando acabes de recoger y nos cuentas el viaje  en patera a España, Carlos se levantó sin darnos tiempo a poner más escusas, miré a Sara que extrañamente había permanecido muda y vi en su rostro cierta complacencia con lo que estaba ocurriendo, tomamos camino de la habitación, al pasar por la primera planta Carlos dijo que su habitación estaba allí pero Buba sabía que debía llevar las copas a la nuestra, cuando llegamos me apresuré a recoger la ropa sucia que por descuido habíamos dejado sobre las camas, Carlos se adelantó a alcanzar unas braguitas y preguntó:

¿de quién son?,  las olió e hizo un gesto de agrado, le miré con rabia y dije:

parece mentira que seas mi hijo, eres un guarro, Sara interrumpió la bronca:

déjalo mujer, es joven y tiene ganas de broma…… si te interesa son mías y si quieres te las regalo, me quedé boquiabierta, era claro que Sara no había calibrado que se trataba de mi hijo quien se estaba comportando de aquella manera, Carlos soltó las bragas y rió con jolgorio.

Buba no tardó más de diez minutos en llegar, Sara y yo estábamos sentadas en una cama, Carlos en la otra y Buba lo hizo en el mismo lugar que la noche anterior, comenzó a contar su viaje en patera mientras daba pequeños sorbos a un botellín de cerveza que tenía entre sus gigantescas manos, pensé que ellos estaban a punto de marcharse cuando Carlos se levantó y fue al cuarto de baño pero no tardó en regresar, esta vez  tomó asiento en medio de nosotras, dirigiéndose a su amigo dijo:

-Buba, enséñales la polla, ya les he dicho como la tienes y no se lo creen, mi respuesta no se hizo esperar y enojada  dije:

-No seas loco Carlos, en momento alguno hemos negado que tu amigo tenga la polla grande ni tampoco nos importa como la tenga, crees que puedes decir esas cosas delante de tu madre?: cuando acabé de hablar Buba ya tenía la polla al descubierto, le colgaba entre las piernas y un ligero movimiento de pelvis lograba que se balanceara, no pude evitar mirarla impresionada por su tamaño.

Seguro que no habéis visto una como esa en vuestra vida, Sara también miraba fijamente la polla, me quedé de piedra cuando Carlos siguió hablando:

Sara no digas que no te vienen ganas de darle una buena mamada, seguro que la de tu marido no le llega a la mitad, miraba a mí hijo y no lo reconocía, hasta ese momento solo habíamos hablado nosotros dos, pero Buba se decidió:

Creo que estas equivocado, miraba a Carlos mientras aguantaba su polla entre las manos, esta pasada noche ya la han probado y tengo la sensación que desean repetir, se acercó a Sara e hizo el gesto de ofrecérsela para que la chupara, no tuvo que insistir, ella se arrodilló y  comenzó a lamer el vigoroso falo, yo miraba incredula la escena y reaccioné cuando noté una mano de Carlos metiéndose entre mi blusa y el sujetador, estuve tentada de soltarle un bofetón pero me contuve pues sentí  una sensación agradable, no hice nada por evitar que desabrochara la blusa ni por que retirase la copa del sujetador dejando libres los pezones, el contacto de su lengua en uno de ellos me hizo estremecer, tenía la mirada puesta  en la otra pareja pretendiendo disimular por lo que me estaba haciendo mi propio hijo.

Jamás había sentido tanto gusto por una chupada de tetas, Carlos mordía con suavidad los pezones mientras los acariciaba con los dedos , frente a nosotros Sara continuaba disfrutando el pene tieso de Buba, el silencio era absoluto roto solo por algún suspiro de las mujeres, repentinamente se escuchó el vozarrón de Buba:

¿cambiamos de pareja?, Carlos no dudó un momento en ceder su puesto al amigo y este hizo lo propio, cuando sentí los brazos de Buba rodearme recordé lo mucho que había disfrutado la noche anterior, sin que tuviera que pedirlo me desnude por completo, yo ya estaba chorreando y él  tenía la polla completamente tiesa y mojada por la saliva de Sara, se  sentó en la cama, me alzó en brazos, abrí las piernas y metió  la polla en le vagina al primer intento, comencé a moverme lentamente subiendo y bajando el cuerpo, mi cabeza quedaba a la altura de su tórax que mordía lascivamente hincando los dientes en la negra epidermis, a él parecía gustarle pues respondía a cada mordisco con un gemido, a mi espalda se escuchaban los jadeos de Sara que sin duda estaba disfrutando pues no paraba de repetir una y otra vez a mi hijo que siguiera follandosela.

Galopaba sobre los muslos de mi amante a ritmo lento intentando disfrutar de cada embestida, notaba el  roce de su polla en el interior de la vagina y la sensación de placer era cada vez mayor, sus manos bajo mis axilas me alzaban y dejaban caer con fuerza para que la penetración fuera cada vez más profunda, el sudor cubría ambos cuerpos y los jadeos ya llenaban la habitación formando junto con los de la otra pareja un ambiente de lo más erótico, de repente Sara aumentó sus gritos y por momentos  me olvidé de nosotros pendiente de sus alaridos de placer que daba mientras mi hijo Carlos la trataba de puta y le preguntaba si le gustaba como la follaba, mi amiga repetía una y otra vez que sí suplicando  que no parara de follarla,  comencé a notar que estaba a punto de llegar al clímax, un cosquilleo ascendió por mí columna vertebral, la vagina era un charco de jugos que empapaban mis muslos, varios temblores fueron el preámbulo de la llegada del momento culminante y mi cerebro estalló dando rienda suelta a sensaciones de placer como pocas veces había sentido, Buba seguía alzándome una y otra vez cada vez con más fuerza e ímpetu, me empeñe en lograr que mi pareja llegara al clímax al mismo tiempo que yo, apreté la vagina con fuerza presionando el pollón que me atravesaba, el chorro de leche caliente entrándome en las entrañas coincidió con el momento cumbre del orgasmo que estaba sintiendo, ninguno de los dos se movió hasta que  el negro hubo vaciado todo el semen que era capaz de derramar, mientras se vaciaba disfrutaba notando el desparrame del caliente líquido dentro de mi coño.

Cuando volví a tener ante mí a Carlos y Sara  ellos estaban tendidos en la cama, se acariciaban besándose  en los labios, cuando mi amiga vio que la miraba dijo:

cuantas veces te había dicho que un día u otro me follaría a tu hijo y  siempre te lo tomabas en broma, pues aquí lo tienes, ha sido el mejor polvo de toda mi vida, Buba entonces dijo:

¿ha sido mejor que el de ayer por la noche?, Sara jadeante pero con aspecto de estar eufórica le contestó:

 –digamos que este por más deseado ha sido mejor, hace muchos años que sueño con follarme al hijo de mi amiga, los tres rieron la ocurrencia mientras yo de repente tuve la sensación de sentir celos, oír a Sara pavonearse de haber follado con mi hijo me produjo rabia y sentí ganas de proponer que siguiéramos la fiesta pero cambiando nuevamente de pareja, el cuerpo desudo de Carlos frente a mí me tenía excitada y deseaba abrazarlo para dar rienda a mis instintos más libidinosos, nuevamente Buba volvió a adelantarse en la propuesta:

¿supongo que habrá un nuevo cambio de pareja?, mi hijo me miró y yo a él, por un momento pensé que dudaba y tuve la sensación de que pensaba si seguir o no la fiesta, recordé que momentos antes ya me había dado placer y reconocí que el cambio de pareja me había molestado, miraba a Carlos y veía el hombre con el que había soñado muchas noches, aquellas que mi marido me dejaba insatisfecha y yo acababa complaciéndome soñando que follaba con un hombre guapo al que no era capaz de poner un rostro, en aquel momento supe que aquel rostro que no quería ver era el de mi propio hijo, fui hacia él y susurré a su oído:

completemos  lo que antes habías comenzado, me puse en cuclillas frente a él y metí su polla en mi boca, fue un acto reflejo y  no hizo nada por evitarlo, sus manos sujetaron mi cabeza y comenzó a marcar el ritmo de las chupadas, cerré los ojos y me dispuse a disfrutar y hacer disfrutar a mi hijo, se la chupé de mil formas, la lengua recorría el tronco una y otra vez entreteniéndome en lamer el glande que asomaba entre la piel blanca comparada con la de mí amante anterior, el tamaño era menor pero mí deseo era mayor, tenía el presentimiento y por que no reconocerlo el deseo que iba a disfrutar más con Carlos que con su amigo,  tomó la iniciativa, cogió mis manos y me llevó a la cama que estaba libre ya que en la otra Buba le comía  el coño a Sara, mi hijo imitó a su amigo, hundió el rostro entre mis muslos y sentí su lengua húmeda penetrar en la vagina, desde el primer lengüetazo comencé a retorcerme, sus dedos se aferraban a mis muslos apretando con fuerza, en un instante sentí placer y quizás por la ansiedad no tardé  en correrme, fue todo muy rápido y quedé sorprendida por  aquel  inesperado orgasmo, miré el rostro de mi hijo que  mostraba sorpresa, los dos estuvimos un instante pendientes de la otra pareja que se daban gusto con la boca comiéndose los respectivos sexos.

Me disculpe por haber aguantado tan poco y Carlos sonrió, puso sus manos n mí cintura y me hizo hincar manos y rodillas sobre la cama, se colocó detrás y hundió la polla en mi coño, cerré los ojos deseando alargar al máximo el coito, mi amante se movía con delicadeza y a un ritmo pausado, me agradó escucharle preguntar si iba bien y respondí que perfectamente, volvía a sentir placer y pregunté si le estaba haciendo disfrutar, tuve la sensación que no había necesitado  pensar la respuesta:

-claro mamá, lo dijo sin que se le notara el esfuerzo que estaba haciendo y sentí rabia, una rabia extrema, deseaba a mi hijo y de repente volví  a tener la sensación de haberle deseado siempre, desde que se hizo hombre, me dije a mi misma en aquel momento que a él le daría todo lo que no había permitido hacerme al único hombre de mi vida que no era otro que su padre, me deshice de su acoso y girándome hacía él dije:

quiero que me poseas como no lo has hecho jamás con otra mujer, olvida que soy tu madre, haz que sea tu amante, tu puta si quieres, tu esclava, pero ámame como no lo has hecho nunca con otra mujer, las palabras brotaron con tal rabia de mi boca que la otra pareja dejó de darse placer y miraban boquiabiertos, se hizo un profundo silencio y como  Carlos no reaccionaba me abalancé hacía él besándole con pasión, la ansiedad ahora era locura, reaccionó por fin sujetándome con fuerza y estampó sus labios en los míos, cerré los ojos y me dispuse a entregarme a él como jamás lo había hecho nunca.

Le agarré del pelo y estampé su rostro en las tetas, comenzó a lamer y mordisquear, mi mano sujetó su polla acariciándola lentamente, pasábamos de la otra pareja que a la vista de los gritos de ella debían estar fornicando como bestias, nosotros lo hacíamos en silencio, fue Carlos quien lo rompió para decir que quería follarme ya, me excitó tanto oírle que le hice repetir el ruego, lo hizo sin hacerse rogar, entonces dije:

¿Cómo quieres hacerlo?, fue rápido en su respuesta

quiero mirarte a los ojos mientras lo hacemos, pensé cual era la mejor manera de satisfacerle, hice que se tumbara boca arriba y subí sobre su pelvis, nuevamente tenía su polla atravesándome, comencé a moverme subiendo y bajando muy lentamente, él agarraba mis pechos con la manos estrujándolos con fuerza, la sincronización de los cuerpos era perfecta, el coño continuaba segregando liquido vaginal y el pene cada vez entraba y salía más suavemente, el intercambio de  miradas era intenso y me distraje cuando con los gritos de Sara que tenía al negro metiendo y sacando la polla en su culo, la embestía con fuerza y ella se quejaba pero a la vez suplicaba que no parara, volví a concentrarme en nosotros y aprecié signos de placer de mi pareja, tenía los ojos rojos y resoplaba continuamente como un animal salvaje, yo seguía cabalgando sobre él y también notaba estar a punto de la pronta llegada de un orgasmo, calmé algo el sube y baja y Carlos pareció agradecerlo pues su rostro se relajó, sentí satisfacción al comprobar que los dos no teníamos prisa alguna en acabar el momento único que estábamos disfrutando.

Gritos bestiales hicieron que los dos giráramos la mirada hacia la otra cama, Sara estaba tumbada boca abajo y el negro la machacaba literalmente hincándole la polla en el culo con extrema violencia provocando que ella gritara como una posesa pero sin pretender escapar de acoso del hombre que la aplastaba con su cuerpo,  cuando reiniciamos  lo nuestro Carlos dijo:

-aprieta un poquito que quiero correrme, las palabras salieron de su boca claras pero en tono dulce que me emocionó, aceleré el movimiento y puso las manos en mis muslos agarrándose a ellos con fuerza,  los gemidos de Carlos eran continuos y yo estaba a punto de sentir el placer del orgasmo que sabía iba a ser inmenso, ambos perdimos el control e íbamos desbocados al encuentro del máximo placer, yo saltaba y él empujaba la cadera hacía arriba, un latigazo recorrió mi cuerpo y la sensación de placer se apodero de mi cerebro que llegó a la máxima expresión cuando noté el calor de su leche  llenándome la vagina, no paré de  cabalgar hasta que suplicó que no podía más.

Los dos quedamos extenuados y con aspecto  demacrado, la otra pareja hacía rato que no se escuchaba, yo estaba  feliz y sin la más mínima sensación de remordimiento  por lo ocurrido, sentí un siseo y vi que Buba hablaba al oído de Sara que sonrió tenuemente mientas tomaba asiento en el sillón, el negro se acercó a nosotros y dijo:

Tu mamá no puede quedarse a medias y creo que merece probar algo nuevo, Carlos pareció despertar del letargo en que estaba sumido  y dijo:

¿Qué quieres decir?, la pregunta causo expectativa pues el silencio fue total hasta que su amigo  contestó:

Me he follado dos veces el culo de su amiga y todavía no sé si el de tu madre está virgen, Carlos me miró esperando respuesta a la pregunta, me tomé tiempo para contestar y observé más ansiedad de saber la respuesta en mi hijo que en su amigo, por fin decidí decir:

por ahí soy virgen pero si es un antojo que tenéis no creo que pueda negaros daros el gusto de ser vosotros los primeros, ahora os toca decidir quién de los dos toma la iniciativa,  sonrieron al escuchar mis palabras y vi en sus miradas síntomas de satisfacción, yo deseaba profundamente que mi hijo fuera el primero y me alegré al oírle decir:

creo mamá que nadie mejor que tu hijo para hacer la inauguración, me complació enormemente su  decisión, primero porque en el fondo deseaba entregarme al placer con mi hijo y también porque imponía  respeto la enorme polla que colgaba entre las piernas del negro, sin que dijeran nada más me puse  a cuatro grapas encima de  la cama, miré un momento a Sara que ocupaba su puesto de espectadora en el sillón, cuando sentí los dedos de Carlos acariciándome la vagina húmeda temblé, Buba se colocó frente a mi rostro y su pollón estaba a escasos centímetros de mi boca, las caricias en la vagina pasaron pronto ser en el ano, los dedos se movían en círculo y notaba claramente que el ojete se dilataba, comencé a sentir gusto, casi inconscientemente  había comenzado a chupar el enorme glande de la polla negra de Buba que permanecía puesto en pie frente a mí con los brazos puestos en jarras sobre su cintura, escuché a Carlos:

-creo que esto está en su punto, me puse nerviosa y debió notarlo porque dijo

tranquila mamá que te acabará gustando, sus palabras no me tranquilizaron ni tampoco las de Sara que desde su asiento hizo el siguiente comentario:

al principio duele un poquito pero después te creerás en el paraíso y eso que la polla de tu hijo no es la de Buba, soltó una risotada que coincidió con el momento en que Carlos apretaba su polla contra el ano, el primer empujón hizo que me quejara  pero pronto comencé a notar sensación de placer mezclado con un leve dolor que hacía sentirme a gusto ,  no tarde en responder las embestidas moviendo el culo hacía atrás, el mete y saca se hizo mecánico, la ansiedad hacía que esporádicamente levantara una mano de la superficie de la cama llevándola directamente al clítoris para aumentar la sensación de placer, disfrutaba relajada de la enculada de mi hijo y entre mis dedos y su polla pronto llegué al orgasmo que ni mucho menos fue como el anterior, a pesar de ello no pude evitar gemir y expresar la sensación placentera que acababa de disfrutar, comenzaba a relajarme y escuche a Carlos decir:

A mí todavía me falta un rato, lo dijo jadeando sin exageración, sacó la polla de mi culo y supe que estaba pidiendo el relevo cuando Buba saco la suya de mi boca que  había estado chupando casi inconscientemente, sin apenas darme tiempo a reaccionar tuve el pene de mi hijo en la boca y por sorpresa sentí la primera embestida por detrás del negro que  hizo gritara de dolor, aquello era un martirio cada golpe de la enorme tranca  en mi agujero era un martirio provocando que chillara como si estuviera endemoniada,  muy lentamente el dolor pasó a ser una suave sensación placentera que fue creciendo a medida que la penetración era más suave por la humedad que desprendía la vagina, la ansiedad hizo que volviera a ayudarme de los dedos para acariciarme el clítoris, tanto disfrute hicieron que perdiera la noción del tiempo y hasta que laa enculada y la mamada comenzaron a hacer efecto, satisfacción el escuchar  gemidos que salían de la boca de Buba entre palabras que parecían decir:

si si si si,……, ¿te gusta esta polla negra?…….mueve ese culo que estoy a punto de ….., dejó de hablar y se quedó inmóvil, después volvió a un suave bombeo mientras soltaba continuos alaridos, llevada por la excitación comencé a agitar el cuerpo y a tocarme el clítoris con furor, mí hijo suspiraba y repetía:

sigue mamá, sigue, sigue,, puse el máximo empeño en cumplir su deseo, se la chupaba como una posesa llevada por sumo placer que los dos hombres me estaban dando, sentí alivio cuando el negro desenterró la polla de mi vagina colocándose  junto a Carlos, las dos pollas quedaron frente a mí, se pajeaban como bestias, Sara junto su rostro al mío esperando impacientes los chorros de semen que de un momento a otro iban a escupir las pollas que se meneaban nerviosamente e escasos centímetros, no sé quién de los dos se corrió antes porque  el primer chorro me nubló la vista y no tuve más remedio que cerrar los ojos mientras se aliviaban jadeando y dando gritos de placer, cuando abrí los ojos vi el rostro de Sara impregnado de hilos de semen y  su boca rebosando espuma blanca, yo debía tener el mismo aspecto pues notaba humedad en el cutis, las dos nos apresuramos a lamer las pollas en un último intento de seguir disfrutando, ellos siguieron en pie meneándosela para vaciarse del todo, respiraban con fuerza intentado tomar aire y cuando dejaron de masturbarse tuve el deseo irrefrenable de besar a Sara en la boca, el sabor del semen de los dos hombres mezclados me pareció un epílogo perfecto para tanta pasión.

Mi hijo me ayudó a incorporarme, cogió mi mano y adelantándonos a la otra pareja fuimos a la ducha, abrazados sentimos el agua caliente recorriendo nuestra piel, me besaba y acariciaba, bajo las gotas de agua, yo esperaba que el dijera las primeras palabras después de tanto goce:

-perdona mamá pero siempre he deseado follarte, desde que tengo uso de razón y espero que no estés arrepentida,  hablaba despacio y sus palabras parecían sinceras, no dudé un instante en contestar:

ya lo hemos hecho y no me arrepiento de nada, me has hecho disfrutar y creo yo a ti, hemos sido un hombre y una mujer amándose como tales y espero que tengas ganas de volverlo a hacerlo, he disfrutado con los dos pero contigo he sentido mucho más, el agua seguía mojándonos, me besó y cerró el grifo, a modo de punto final añadió:

claro mamá que volveremos a hacerlo, tú y Sara sois dos mujeres deseables,  desde que una vez os vi en tu dormitorio no he dejado de  pensar que algún día follaríais conmigo, siempre he querido haceros disfrutar como lo hacíais aquel día, en ese momento se abrió la puerta del aseo y Carlos dejó de hablar Sara sonreía y dijo:

Buba se ha cansado de esperar y ha ido a su habitación a ducharse, estoy agotada y tengo sueño, al pasar a su lado Carlos le dio una palmada en el culo y ella le tocó la polla, nos metimos juntos en la cama y yo no tardé en dormir, cuando desperté mi hijo seguía a mi lado durmiendo plácidamente, tuve una sensación extraña, me levanté y fui a la cama de Sara, la abracé y susurré a su oído:

-Carlos  deseaba esto hace años, sabe lo nuestro y eso hizo despertó su deseo por nosotras, ella se limitó a decir:

que cabrón! Se podía haber decidido antes, cuando lo hago contigo quiero pensar que lo estoy haciendo con él, ahora cariño tengo mucho sueño,  callé y dejé que siguiera durmiendo, tomé asiento  en el sillón a mirar como dormían. Entre una cosa y otra no tuvimos tiempo de hacer más turismo, fuimos directos al Aeropuerto sin poder despedirnos de Buba, Carlos se despidió  morreándonos a las dos llamando la atención de la gente que miraba, cuando llegamos a Madrid nos esperaba mi marido que al vernos dijo:

He venido yo solo, tu marido y las niñas se han quedado en casa esperándonos, ¿Cómo ha ido el viaje?

-muy bien, contestamos al unísono, ¿y a vosotros la caza?

-de cojones, dijo eufórico, tu marido mató un animal con cuernos trofeo de plata y yo igual, estamos contentos como no os podéis imaginar, hemos quedado en volver el puente de la constitución a recoger los cuernos al taxidermista y de paso a mirar de conseguir otros más grandes, si vosotras queréis podéis volver a ver el chico, Sara  se esforzaba en contener la risa y yo después de pensar una respuesta de doble sentido llevada por la euforia dije:

Creo que es lo mejor que podemos hacer todos, vosotros a buscar los cuernos y nosotras a Londres, finalmente las dos no pudimos evitar reír a carcajadas cuando oímos su pregunta:

-cariño, ¿Dónde los podríamos colgar?, Sara  dejó de reír y tras un breve silencio contestó

si mi marido me lo pregunta le diré que en la……….. hizo una pausa y continuo frente, quiero decir frente al sofá para que los disfrute viéndolos todos los días.

Al día siguiente quedamos las dos en mi casa para comenzar a preparar el viaje a primeros de diciembre,  el marido de Sara y marido fueron a buscar las niñas al colegio, nosotras nos dimos un festival de sexo que nos recordó el fin de semana en Londres y de esa manera nos manteníamos en forma para el próximo weekend in London.

http://www.todorelatos.com/relato/124132/